Mindfulness y meditación: parecidos, pero no iguales
A veces usamos las palabras mindfulness y meditación como si fueran lo mismo, y aunque están muy relacionadas, no significan exactamente igual. Entender la diferencia puede ayudarnos a incorporar ambas prácticas en la vida diaria de una forma más consciente, simple y real.
¿Qué es mindfulness?
El mindfulness es la atención plena: estar presentes, aquí y ahora, con una actitud amable, curiosa y sin juzgar.
No solo es “prestar atención”, sino tener una mirada amorosa hacia lo que está ocurriendo, incluso cuando no nos gusta.
Podemos practicar mindfulness en cualquier momento del día:
- cuando tomamos una infusión sintiendo su temperatura y sabor,
- cuando escuchamos a nuestros seres queridos realmente, sin estar pensando en otra cosa,
- o cuando notamos cómo entra y sale el aire al respirar.
El mindfulness es una forma de vivir más despiertos, más conectados con lo que somos y con lo que nos rodea.
¿Y qué es la meditación?
La meditación es una práctica concreta que nos ayuda a entrenar esa atención plena.
Es como ir al gimnasio, pero de la mente: nos sentamos (o nos acostamos), cerramos los ojos si queremos, y entrenamos el enfoque y la calma.
Existen muchos tipos de meditación: algunas se centran en la respiración, otras en visualizar algo, repetir un mantra o simplemente observar los pensamientos sin seguirlos.
La meditación es, entonces, una herramienta para cultivar el mindfulness.
En resumen
Podemos decir que:
- La meditación es la práctica formal.
- El mindfulness es la forma de vivir con esa conciencia que desarrollamos al meditar.
Una práctica alimenta a la otra. Meditar nos ayuda a estar más presentes durante el día, y vivir con atención plena hace que meditar sea más sencillo y natural.
Ambas son partes de un mismo camino: el de vivir más despacio, con más presencia, y con menos piloto automático.
Te invito a probarlo hoy mismo.
Elige una actividad cotidiana —tomar un té, vestirte, cocinar, abrazar a tu hijo— y hazla con atención plena. Nota los detalles, las sensaciones, tu respiración.
No hace falta que sea perfecto. Solo hace falta estar.
Y si más tarde te das unos minutos para meditar, vas a notar cómo ambas cosas se entrelazan y te ayudan a volver a ti.
Respira. Estás aquí.
Si te dan ganas de probar una experiencia de mindfulness y/o meditación, puedes escribirme y reservamos un encuentro.
